¿Qué sabes del amor?

Si eres madre sabrás que el amor puede llegar a ser infinito e incondicional.

Si eres esposa sabrás que el amor es complicado y complejo.

Como hija sabrás que el amor es protección y seguridad.

Y del amor propio ¿Qué sabes? ¿Qué tipo de relación tienes contigo misma?

En alguna etapa de mi vida, hace muchos años atrás, abandoné mi amor propio por ir detrás de un tipo de amor equivocado. Un amor cruel y egoísta. Creí estar enamorada, creí ser amada y durante algún tiempo viví engañada. La oscuridad se apoderó de mí, dejé de reír, dejé de creer y dejé de crecer. En esa época, tan joven e inexperta, andaba perdida por la vida.

El amor propio hace referencia a la aceptación y el respeto que tenemos y sentimos hacia nosotros mismos, llamada también autoestima.

El amor propio o autoestima es un factor clave para nuestro desarrollo y crecimiento, es la fuerza que nos impulsa a hacer las cosas bien. Por eso es tan importante mimarnos y complacernos.

No podemos dar algo que no tenemos. Antes de dar amor a nuestra familia hay que sentir el amor dentro de nosotros. Antes de vivir en armonía dentro de nuestros hogares tenemos que encontrar nuestra propia paz interior.  Todo parte de ti, por eso haz todo aquello que te haga feliz. Regálate una tarde de spa; invierte en tu educación, apúntate a un curso o cómprate un buen libro; vete de tiendas y permítete ese capricho que tanto deseas.

Trabajas mucho, ya sea dentro o fuera de casa, como para no pensar en ti. Llénate de amor y hónrate. Nadie te amará más y mejor, que tú misma.

Cuánto hemos crecido…

Alguna vez ¿Te has sentido estancada?, ¿frustrada? ¿O hasta fracasada? Tranquila, eso ocurre hasta en las mejores familias.

Te puede ocurrir a los 60 años, a los 40 o a los 20.

Un claro ejemplo es cuando estas cursando la universidad y descubres que esa no es tu vocación, que elegiste mal la profesión. Otro ejemplo es cuando después de muchos años de trabajo empiezas a disfrutar de esa merecida jubilación pero te empiezas a sentir vacía o inútil.               

Sea en la etapa que te encuentres, quiero decirte que es absolutamente normal sentirte así…eso no es más que tu hambre de crecimiento.

Lo que realmente te está gritando tu sub-consiente es que en cierta forma estás preparada para evolucionar. Hay quien oye el grito, hay quien se deja seducir una temporada hasta que finalmente abandona y las hay quienes luchamos contra todo y contra todos para realizarnos.

Siempre habrá alguien que te diga: “Ya estás vieja para aprender un nuevo idioma” “Ya no tienes edad para estar buscando una nueva pareja” “Eres muy chaval, ¿qué sabes tú de inversiones en bolsa?”

No escuches a la gente, escucha tu corazón y guíate por tu intuición. No dudes de tus capacidades. Llénate de valor y pártete la madre por eso que tanto deseas, porque una cosa te digo: No es fácil.

Lánzate a la mar, al principio te tocará nadar a contra corriente pero poco a poco irás avanzando. Detente cuando lo creas necesario, toma aliento pero no abandones.

Conforme vayas avanzando  y obtengas resultados una gran satisfacción te irá invadiendo. Progresivamente esa frustración irá convirtiéndose en satisfacción. Te llenará de orgullo ver cómo lo estás logrando. De eso se trata el crecimiento, de ir aprendiendo habilidades nuevas que mejoren tu calidad de vida y contribuyan a realización de tus sueños y aspiraciones. ¿Y tú, ya has crecido?

Se acerca mi cumpleaños…

En realidad no, bueno sí…cada día que pasa me acerco más a mi gran día.

Yo soy de las que celebra: globos, tarta, música, invitados. Disfruto celebrar y amo compartir.

Pero qué pasa cuando estás próxima a cumplir 40 años. No pasa nada, pero tengo sentimientos encontrados. Por un lado tengo ese deseo vertiginoso de tirar la casa por la ventana pero por otro lado pienso que todo ese dinero lo puedo invertir en algún caprichillo.

Ojo, no es la tan sonada crisis de los 40. Este planteamiento viene porque  al pertenecer a la “favorecida” clase media trabajadora no me puedo permitir la mega fiesta con el mega viaje…ya me gustaría hacer ambas cosas.

Y entramos al quisquilloso tema del dinero que es de lo que realmente te quiero hablar. ¿Sabías que todas las personas tenemos una relación con el dinero? Esta puede ser positiva o negativa, todo depende de tu percepción, tus creencias y tus experiencias con él.

Hace algún tiempo empecé a investigar sobre el tema y cuál fue mi sorpresa al descubrir que mi mentalidad era de escasez (relación negativa)

Al  hablar de escasez lo solemos asociar a lo económico y no es así. Hay escasez emocional/afectiva, escasez de salud, escasez espiritual…cada una de ellas daría para un nuevo post.

Alguna  vez habrás oído ese refrán “soplar y sorber, todo no puede ser” que vendría a ser algo así como que no todo en la vida se puede tener. Pues yo estoy convencida que se puede lograr, la limitación está en nosotros y en nuestros pensamientos. Tienes que buscar y desarrollar ese sano equilibrio.

Volviendo al tema, el dinero no es bueno ni malo. ¿Qué es el dinero? No es más que una herramienta de intercambio, un vehículo a la libertad, lo que hagas con él es lo que le va a dar significado.

No me avergüenza decir que me gusta el dinero, está para cumplir sueños, para darme cosas y para ayudar a quien lo necesite.

Y quizás hoy no me pueda permitir la mega fiesta con el mega viaje pero sé que es cuestión de tiempo…estoy aprendiendo a vivir en armonía con el universo y trabajando duro porque nada cae del cielo y la única responsable de la escasez o la abundancia en mi vida, soy yo.

¿Y ahora qué?

¿𝐃𝐞𝐜𝐢𝐝𝐢𝐝𝐚 𝐚 𝐫𝐞𝐚𝐥𝐢𝐳𝐚𝐫 𝐮𝐧 𝐜𝐚𝐦𝐛𝐢𝐨?

Si has decidido que es el momento, tienes que tener presente 2 cosas súper importantes: Disciplina y Motivación.

Te podría dar sus significados según la RAE o Wikipedia, o te podría decir su origen etimológico pero realmente eso es lo que menos me importa.

Me gustaría compartirte lo que significó para mi comprender su verdadero significado, la relación entre ellas y como sirvieron de detonantes para realizar mi cambio.

Detrás de toda motivación hay escondida una emoción, un sentimiento, un deseo que te impulsa a realizar la acción.

Imagina que una tarde de sábado estás de compras y te pillas un hermoso bikini con salida de baño a juego, que le sientan divino a ese par de sandalias que te compraste el año pasado. Llegas a casa y te lo pruebas en la comodidad de tu habitación, mirándote en el espejo todos los ángulos habidos y por haber, buscando la más mínima imperfección (confiésalo, así somos todas) Crees conveniente apuntarte al gimnasio y así lucir espectacular para este próximo verano que está a la vuelta de la esquina.

Ahí tienes tu motivación.

Empieza la semana y te levantas muy temprano. Transcurre el día, tú feliz y emocionada por tu primer día de gym. Tu mente vuela y ya te visualizas con un súper bronceado, luciendo ese pedazo de bikini.

Llega el martes y no tan entusiasmada vuelves a ir a entrenar. El miércoles, ya no estás  tan convencida y tienes menos actitud. Estamos jueves y te dices…bueno, ya he ido 3 días y me voy a dar un descanso porque es bueno para mi cuerpo (te vendes a ti misma la idea que ir al gimnasio, hoy, no es bueno) Acaba la semana y sólo fuiste los 3 primeros días.

Empieza una nueva semana y piensas…borrón y cuenta nueva. Intentas con todas tus fuerzas ir a entrenar pero te auto-convences que estás agotada, que has tenido un día muy duro y que te mereces descansar.

Es ahí donde entra a tallar la disciplina.

Donde se termina la motivación empieza la disciplina.

Y es que no hay fórmula mágica, siento decepcionarte. La disciplina es una lucha diaria y constante contigo misma para crear uno o varios hábitos. Pero recuerda eso de “pasito a paso” porque si pretendes realizar un cambio de 180° de un día para otro, créeme, fracasarás. Empieza por algo sencillo. Te propongo algunas ideas para que des ese 1er paso:

-Empieza a beber más agua. Pon una botella/vaso en tu mesa de trabajo.

-Agradece todas las noches antes de dormir. No te pido que reces, solo di: Gracias. Sin más.

-Que lo primero que hagas por las mañanas al abrir tus ojos sea sonreír. ¿Te parece poco haber despertado?

Son cosas sencillas que no te costarán ningún esfuerzo ni tampoco tiempo. Por el contrario te irán disciplinando. ¿Te acuerdas de la mítica frase: encerar y pulir de la película Karate Kid? Pues algo así.

La motivación sube y baja y no siempre es la mejor opción cuando te planteas un cambio mientras que con esta ecuación tienes el éxito asegurado.